Parroquia La Milagrosa (Ávila)
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sábado, 28 de noviembre de 2015

Triduo de "La Milagrosa" en el jubileo de la Misericordia (2015)


A las puertas del Adviento y el jubileo de la Misericordia, del 25 al 27 de noviembre, hemos celebrado el triduo de "La Milagrosa" y también la fiesta de nuestra comunidad parroquial que tiene a la Virgen de la Medalla como patrona. Durante estos tres días hemos contemplado el misterio de la Virgen Madre desde la perspectiva de María pobre y de los pobres, María madre de gracia y misericordia y María Inmaculada vestida de luz. 

Cada uno de los días, la eucaristía ha sido guiada, respectivamente,  por la Asociación Internacional de Caridad, las Hijas de la Caridad y la Asociación de la Medalla Milagrosa.





 








domingo, 27 de septiembre de 2015

Acción de gracias (San Vicente de Paúl)


En torno al alar, en el templo parroquial de La Milagrosa, una mañana de sol cálido en Ávila, la Familia Vicenciana junto a la comunidad parroquial celebramos la vida y santidad de Vicente de Paúl y dimos gracias por el regalo de su carisma que ya es patrimonio espiritual de todos los que seguimos las huellas del maestro inspirados por Mateo 25 y Lucas 6.




Un símbolo de vida nos acompañó toda la celebración. Una planta doméstica que comenzó pequeña, como el grano de mostaza, pero que ahora tiene el vigor suficiente para acoger en sus ramas a las asociaciones y congregaciones fundadas o inspiradas en el siervo de los pobres.


En la acción de gracias, algunos miembros de cada rama fueron presentando quiénes son, qué hacen y que esperaran. Teníamos motivos para elevar uno y varios cantos: a punto de llegar a los 400 años desde que el Señor Vicente agrupó y coordinó a unas familias para asistir a otras que lo necesitaban; el cien aniversario de la AIC; todo un año previsto para fomentar y favorecer la colaboración de todos los vicencianos para bien y desarrollo integral de todos los excluidos.

Lo que caracteriza las "ofertas" de san Vicente sobre cómo responder a la realidad de la pobreza tienen cierta carga de horizonte utópico, pues son un esfuerzo por conseguir el Reino viviendo en comunidad y en claro contraste con la cultura dominante con un fin transformador de la sociedad y el mundo.

Sus tres proyectos principales y los surgidos después responden a una fina y atenta sensibilidad hacia la Palabra de Dios que la tomó como objetivo fundamental, que nació de una lectura profunda de la realidad y que le llevó a una acción original sobre la misma, que hoy es medido desde el amor afectivo y efectivo a toda la humanidad.



Al final, todos los asistentes compartimos un pequeño ágape en los jardines de la parroquia.





Vísperas de San Vicente (Familia Vicenciana)


El sábado 26, la Familia Vicenciana de Ávila, nos reunimos en la Parroquia de la Milagrosa para orar en Vísperas de San Vicente por el don del espíritu compartido del carisma del santo de la caridad. Muy pocos como él alcanzaron a expresa la lógica del don tan alaba por Benedicto XVI en la Caritas in veritate. Esta lógica de la gratuidad está en nuestro día a día más presente de lo que pensamos. Puede que vivamos en un tiempo materialista, individualista y de mercado, pero la resiliencia, esa capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, demostrada en muchas familias que han resistido y resisten en la crisis, hace que lo gratuito, lo que practico Vicente, siga siendo un medio para construir Reino.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Fiesta de San Vicente de Paúl


Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis
(Mateo 25)

Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:
‐ ¿Cuantas piedras piensan que caben en el frasco? 
Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco.
Luego preguntó:
‐ ¿Está lleno?
Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla.
Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.
El experto sonrió con ironía y repitió:
‐ ¿Está lleno?
Esta vez los oyentes dudaron:
‐ Tal vez no.
‐ ¡Bien!
Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.
‐ ¿Está bien lleno? preguntó de nuevo.
‐ ¡No!, exclamaron los asistentes.
Bien, dijo, y cogió una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba.
‐ Bueno, ¿qué hemos demostrado?, preguntó.
Un alumno respondió:
‐ Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.
‐ ¡No!, concluyó el experto: lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después.

Pues San Vicente de Paúl colocó, y bien colocadas, sus piedras. A mi permitidme que me atreva a decir que son cinco. No sé si os suena el número 5 en San Vicente, pero lo usó varias veces al hablarles a los misioneros de las virtudes que debían practicar (espiritualidad de la sencillez, hoy diríamos de bolsillo, o para andar por la calle y en casa, pero solo es su pequeño método, un adelantado en pedagogía del enseñar y del vivir). Él les decía que todo misionero tiene que tener estas cinco virtudes como David tuvo cinco piedras en su zurrón para vencer las dificultades de la misión (nuestros Goliats). Pero no voy a hablar de las virtudes del misionero, sino de los pilares de la persona, del Señor Vicente. Las tres primeras que colocó hacen referencia a su experiencia de Jesús. Las otras dos a su experiencia de los pobres.
1. Jesús, tú eres adorador del Padre: Con esta expresión descubre san Vicente el primer rasgo de la fisonomía del Cristo vicenciano: Jesús se encarna en la historia por voluntad del Padre y con la fuerza del Espíritu cumple la misión para la que fue enviado. Esto convierte a Jesús en adorador perfecto.
Nada del plan de salvación de Dios sobre los hombres tendría sentido sin el amor y este lo pone Jesús ¡Que no hacía nada sino por el amor que tenía a Dios Padre! (SVP IX, 38). Ser adorador del Padre significa para san Vicente que Jesús fue un fiel cumplidor de la voluntad de Dios (Cf. SVP IX, 468; XI, 79; IX, 168, 492, 734).
2. Jesús, tú eres uno de nosotros y servidor de los hombres: Para san Vicente el segundo rasgo de Jesús es su anonadamiento, su decisión de hacerse uno de tantos, a pesar de su condición divina: El Salvador se encarna por amor al Padre y a los hombres (SVP XI, 411).
El hecho de la encarnación introduce al Hijo en nuestra propia vida, en todo igual a nosotros menos en el pecado. Pero en Jesús, el ser hombre lo lleva hasta los límites de la integridad. Él es el hombre libre e íntegro, el hombre total (SVP XI, 129).
Lo original en la experiencia de Dios de san Vicente se encuentra en la realización de la voluntad de Dios, que por parte de Jesús se identifica con la evangelización de los pobres. Para Vicente, hombre profundamente evangélico, Cristo, en su misión de evangelizador de los Pobres, cristaliza el sentido de su pertenencia y entrega al Padre, de su amor compasivo y tierno a los hombres. 
3. La identificación de Cristo con los pobres (IX, 750; X, 594; 628; XI, 240; 725): ¡Que imagen que tan enorme! Es la originalidad de un descubrimiento impensable en el siglo XVII: Los pobres tienen el honor de representar a los miembros de Jesucristo, que considera los servicios que se les hacen como hechos a él mismo (SVP IX, 64).
De Dios tenemos un testimonio y una imagen en Jesús; y de él tenemos también su imagen, pues está presente, como si de un sacramento se tratase, en los desposeídos, en los necesitados, en los pobres.
Al servir a los pobres se sirve a Jesucristo... servimos a Cristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad como que estamos aquí. Un vicenciano irá diez veces cada día a ver a los enfermos, y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios... (SVP IX, 240)
4. La experiencia de que los que mejor ayudan a los pobres son los que se hacen pobres al imitar a Cristo (XI, 129; 385): Desde la realidad de la falta de atención que tienen los pobres reúne a mujeres y hombres cristianos, allá por donde va, creado cofradías de la caridad con el doble fin de ayudar al cuerpo y al alma de los que caen presos de la necesidad y no tienen a nadie que los asista. 
Luego buscó sensibilizar a los ricos y creó las Damas de la Caridad. Pero no quedó conforme, no todo era cuestión de dar dinero. Por eso, con las criadas de éstas fundó las Hijas de la Caridad. La intención era ir más lejos que el sólo dar. Así, surgieron los misioneros, para evangelizar a los pobres.
Es todo un cambio revolucionario de roles en lo caritativo, que ha perdido fuerza con el misticismo simplista de una espiritualidad de la heroicidad. Era todo un cambio profético, un adelanto del Reino. Todos los que se unieron a su intuición daba más que comida solidaridad
5. Pasar del amor afectivo al amor efectivo (XI, 273; 733); del sentimiento a la acción. Es lo que los estudiosos han definido como la espiritualidad de la acción. Aunque no era original de san Vicente, y mucho tuvo que ver san Francisco de Sales, las expresiones parecen ser suyas.
Hunde sus raíces en la tradición, en San Agustín: "¿Cuáles son las dos alas de la caridad? El amor a Dios y el amor al prójimo". De una manera afectiva, vertical, se ama al pobre por amor de Dios, pero de una manera afectiva, horizontal, se hacen obras por el prójimo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

San Vicente de Paúl (Celebraciones 27 septiembre 2015)


El Superior General de los Vicencianos nos escribre en esta fiesta tan señalada para todos nosotros:

En esta fiesta de San Vicente de Paúl me uno a ustedes para dar gracias a Dios por la bendición de servir al querido Pueblo de Dios, sobre todo a esos hombres y mujeres excluidos de su participación en la sociedad; esas gentes que viven en las periferias, nuestros amos y maestros. Estamos llamados a servir a esos hombres y mujeres y a encontrar a Cristo en ellos. Nos exhortan constantemente no sólo a prestarles nuestras voces en sus causas, sino también a escucharlos y hablar por ellos. Con suerte, como consecuencia de nuestra identificación con ellos, nos invitan a ser sus amigos. (cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, # 198)

Al responder a esta llamada para participar en el proceso de la Nueva Evangelización, nosotros, como Vicencianos, tenemos una aportación excepcional que ofrecer. Primero, durante este año de colaboración, se nos presenta una oportunidad para fortalecer los vínculos de cooperación y solidaridad entre las casi trescientas ramas de la Familia Vicenciana. En aquellos lugares, donde estos vínculos pueden ser débiles o inexistentes, estamos retados a explorar caminos y medios para establecer tales vínculos. Dicha colaboración es esencial si vamos a seguir testimoniando que todos somos un Pueblo de Dios, una Familia Vicenciana.  

Vicente de Paúl habló con frecuencia sobre un proceso afectivo y efectivo de evangelización. Nuestro esfuerzo para hacer realidad una colaboración mayor entre nosotros es el mejor medio de asegurar que llegamos a muchos más miembros olvidados de la sociedad. 

Lo que es más, creo que tenemos otra aportación importante que ofrecer a la Iglesia a medida que nos comprometemos con la Nueva Evangelización. En años recientes, hemos visto unirse distintas ramas de la Familia Vicenciana para cambiar estructuras injustas y opresivas, que impiden a las personas vivir de una forma digna. Nuestra implicación en este proceso colaborador de cambio sistémico nos capacita para ser discípulos-misioneros Vicencianos. 

Sigamos trabajando juntos en procesos creativos de colaboración de cambio sistémico, recordando que la última palabra pertenece al libro del Apocalipsis: Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de ser, y el mar ya no existía más (Apoc. 21, 1)… y que Dios nos bendiga hoy, y todos los días de nuestra vida. 

En la parroquia, toda la Familia Vicenciana de Ávila, tendremos dos acontecimientos especiales para celebrar a Vicente de Paúl:
  • El sábado 26, a las 19:30, en la capilla de la parroquia, tendremos vísperas antes de al eucaristía de vespertina del día del Señor.
  • El domingo, 28, a las 12:30, celebraremos la eucaristía en acción de gracias por la bendición de ser herederos de un carisma imperecedero. Después tendremos un rato para compartir en los patios de la parroquia.

martes, 8 de septiembre de 2015

El bien común ente el pasado y el futuro - The Common Good between Past and Future.



El Bien Común entre el pasado y el futuro
Sept 3 a 5 2015, de la Universidad de Friburgo (Suiza)

El concepto del Bien Común tiene un lugar central en la Doctrina Social Cristiana (DSC). Es a la vez un proceso histórico y una asíntota, buscado con pasión, inalcanzable en su plenitud en la tierra, pero de los cuales experimentamos, no obstante, logros parciales. La Conferencia ha tratado de volver a evaluar la importancia histórica de la noción de bien común (primer día), ha examinado los lugares prácticos actuales donde se produce una convergencia hacia el Bien Común (segundo día) y ha buscado de forma prospectiva la utilidad de la noción de bien común para afrontar los desafíos de nuestro tiempo.

Si estás interesado puedes bajar el documento con todos los detalles del programa y resúmenes de las intervenciones aquí:


Más información:



In collaboration with: 





En esta conferencia interdisciplinar han participado dos miembro de la Familia Vicenciana. Sor Monique Javouhey (representante de las Hijas de la Caridad en la ONU) y el P. Felipe Manuel Nieto Fernández. Este último tuvo una intervención sobre "La arquitectura del concepto 'Bien Común': desde su origen en la antigüedad al alto medievo.




Puedes escuchar el poscast completo aquí:  Arquitectura del Bien Común
(Nota: Se aconseja hacer clic sobre 'descargar' si no tiene Dropbox)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Retiro de Adviento (Familia Vicenciana)



Ganar la esperanza para este tiempo. Así comenzó la reflexión del retiro que programa la Familia Vicenciana con presencia en nuestra parroquia.

A pesar de que el tiempo no acompañaba, el día 16 de diciembre por la tarde, un nutrido grupo nos juntamos para reflexionar, orar y celebrar la Eucaristía con el objetivo de prepararnos para el acontecimiento de la natividad de nuestro Salvador.

Juntos nos planteamos que, en un mundo crisis económica y de valores, la esperanza no es lo último que se pierde si no lo primero que se gana porque si no estamos perdidos.

El Adviento, nos recuerda cada año que tenemos que cambiar, recuperar los horizontes utópicos, alimentar el alma y llenar nuestras entrañas de comprensión hacia los demás, hermanas y hermanos nuestros, para construir un nuevo mundo a fuerza de ganar la esperanza desde el signo de un Dios que se hace hombre, niño y frágil, para salvarnos.

El horizonte utópico que propone Jesús empieza en un proyecto descabellado (Mt 5) y un final imprevisto (Mt 25).

En el evangelio proclamado en la eucaristía (Mt 21, 28-32) reconocimos las tres actitudes de fe que necesitamos cultivar para seguir construyendo el Reino: 

  • La corrección de las conductas. Para Jesús la rectitud de corazón no se identifica, sin más, con las palabras que se pronuncian. No se reduce sin más a una declaración formal y externa que nada tenga que ver con las decisiones y con las conductas personales y cotidianas. Para Él lo decisivo es cumplir –¡hacer, no solo pensar!- la voluntad de Dios, independientemente de que las palabras coincidan o no con ellas, que es más secundario.
  • La corrección de las intenciones. Obviamente, las solas conductas tampoco justifican y “canonizan” a nadie. Se puede “hacer mal el bien”, como es el caso del hipócrita, del embaucador o del exhibicionista. No basta solo con “hacer el bien”, también hay que “ser buenos” de corazón e intención. O al menos intentarlo.
  • La corrección de las miradas. Jesús observa a los demás desde otros ángulos distintos al mero reconocimiento social. Desde la perspectiva de cumplimiento de la voluntad de Dios puede suceder que los criterios de valoración de Dios (que ve en lo escondido)  se distancie mucho de nuestras percepciones  (que a menudo solo ven la superficie). Hemos de aprender a mirar bien. Necesitamos, pues, ojos bien orientados, comprensivos y empáticos, para ver como Dios ve.

Estas tres “conversiones” sintonizan con el espíritu del adviento. Por una parte nos interpelan llevándonos a reconocer nuestra actitud verdadera ante Dios. Por otra, nos predisponen y adiestran para avanzar en el camino del Reino de Dios, que es siempre el camino de la verdadera justicia.