Parroquia La Milagrosa (Ávila)
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domingo, 31 de enero de 2016

Amados desde antes de nacer (Lectura de la palabra dominical desde el jubileo de la misericordia)





IV Domingo del Tiempo Ordinario
(Jer 1, 4-5; Sal 70; 1Cor 12, 31-13, 13; Lc 4, 21-30)
Amados desde antes de nacer

Este Año de Misericordia, de Gracia del Señor, en el que se proclama de manera especial el Evangelio de San Lucas, llama a nuestra puerta, de manera insistente, la declaración de amor de Jesucristo.

Pocas expresiones llegan al corazón y modifican la relación personal con uno mismo, a pesar de verse menesteroso como las que se encuentran hoy en el profeta Jeremías. Si se da fe a la declaración del profeta, todo cambia: “Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré”.

Es verdad que el texto se refiere a Jeremías, pero cada uno podemos personalizar la Palabra de Dios, y sentir con el salmista: “Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”.

A medida que se va cruzando el desierto de la existencia, más se puede acreditar la misericordia divina, la tutela permanente de Dios tiene para sus criaturas. Si a alguien se le puede aplicar la expresión paulina “el amor no pasa nunca”, es a Dios mismo. Él no se retracta de su palabra, y si se demuestra su voluntad amorosa en la existencia de cada criatura, porque todo existe en razón de la voluntad del Creador, ¡cuánto más permanece su amor en aquellos por los que su propio Hijo ha dado su vida!

Jesús de Nazaret, en la sinagoga de su pueblo, proclamó el Año de Gracia del Señor, y desde entonces hasta hoy se puede escuchar: -«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» 

Si cada uno damos crédito a la Palabra de Dios, descubriremos el realismo de su expresividad. Hoy, cada momento está abierto a la experiencia de la providencia divina, más allá de toda contingencia humana.

Intenta por un momento escuchar dentro de ti lo que te dice el Señor:
  1. “Yo te he escogido desde antes de nacer. Yo te he puesto nombre cuando estabas en las entrañas de tu madre. Yo te he dado una vocación única, expresión de mi amor por ti”.
  2. Hoy se cumple en ti toda la profecía. Hoy, si quieres, puedes sentir el abrazo de la gracia.
  3. Tú podrás resistirte. Podrás hacer la pirueta mental de ponerte a reflexionar sobre el significado de mis palabras, pero mientras tanto, lo más cierto es que yo te sigo amando”.

miércoles, 27 de enero de 2016

Las otras obras de misericordia que bien podíamos llamar de amor al ser humano y a la casa común


Raúl Berzosa, profesor mío y actual Obispo de Ciudad Rodrigo, nos hablaba de otras obras de misericordia y de liberación. Las siete primeras que proponía son más bien personales, para practicar no tanto individualmente, sino en persona. Las otras siete son más colectivas o comunitarias. Las catorce nuevas, entre comillas, no anulan a las tradicionales, ni les restan nada, sino que las complementas y actualizan:

Las obras de misericordia sociales:
  1. Acompañar y alegrar al que está sólo, particularmente al anciano.
  2. Dar esperanza al desilusionado y deprimido.
  3. Ayudar y apoyar a encontrar trabajo, especialmente a los jóvenes.
  4. Acoger e insertar al sin papeles.
  5. Dar una nueva oportunidad al que sale de la cárcel.
  6. Rescatar al toxicómano y alcohólico.
  7. Dignificar a quien se ha prostituido.

Las obras de misericordia para una solidaridad planetaria:
  1. Promocionar a los pueblos subdesarrollados.
  2. Defender los derechos de los marginados y excluidos.
  3. Combatir las injusticias y la opresión.
  4. Favorecer la no-violencia.
  5. Promover una sana ecología.
  6. Trabajar por la paz y la unión entre los pueblos y naciones.
  7. Luchar por la defensa de la vida, desde su concepción hasta su final.


Pacificar el ambiente (Obras de misericordia social)



ECLESALIA, 27/01/16.- Desde que el Papa Francisco inauguró el Año de la Misericordia en el mes de diciembre se están refrescando en el ambiente cristiano lo que todos sabíamos por las enseñanzas recibidas en la catequesis y recordadas hasta con aquellas musiquillas que nos hacían más fácil recordar largas listas cuando éramos pequeños.

Las pongo aquí para contribuir a la difusión iniciada por el Papa, compartiendo pequeños comentarios de lo que me provoca cada una. Después, con todo respeto, explicaré y animaré a la acción de lo que he llamado una obra de misericordia social.

Obras de misericordia espirituales:
  • Enseñar al que no sabe, y tener la suficiente humildad de aprender del sencillo e instruido por la vida.
  • Dar buen consejo al que lo necesita, o sencillamente dar nuestro tiempo gratis para escuchar a quien lo necesita.
  • Corregir al que yerra, siempre y cuando mis propios errores me hagan bajar a comprender el error del otro.
  • Perdonar las injurias, con amor y humor, sin que te echen a perder tu autoestima. El que injuria puede necesitar tratamiento de profesionales en psicología.
  • Consolar al triste, con escucha, abrazos, pañuelos.
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo, o lo que creo que son defectos: en la familia, al jefe, al compañero trepa o plasta en el trabajo, al vecino, etc.
  • Rogar a Dios por los vivos y los difuntos aplicando la oración por los vivos que son los que más lo necesitamos, seguimos sin ver claro. Lo de las almas perdidas me crea confusión, pues Dios es infinitamente justo y pero también misericordioso. Releo aquello de “la misericordia se ríe del juicio” (Sant 2,13) y sé que Dios resuelve infinitamente.
Obras de misericordia corporales:
  • Visitar y cuidar a los enfermos, especialmente a los de larga duración, a los que no tienen quien los visite, los que sólo puedes hacerles una caricia porque ya no te reconocen.
  • Dar de comer al hambriento, al que tenga cerca pero con la vista puesta en que más de dos tercios de la humanidad está en situación de hambre y necesidad de todo tipo.
  • Dar de beber al sediento, lo mismo que la anterior.
  • Dar posada al peregrino, al refugiado político que huye de situaciones de conflicto y muerte; al inmigrante que huyen por motivos de supervivencia económica… ellos son más que peregrinos.
  • Vestir al desnudo: desde esta parte del mundo parece imposible que alguien pueda estar desnudo de vestido, con la gran producción de moda que nos caracteriza.
  • Liberar al cautivo, ayudándole mientras cumple condena y procurando que se libere de lo que le tiene preso interiormente.
  • Enterrar a los muertos… pienso en el mar Mediterráneo convertido en un cementerio acuático en el que siguen muriendo seres humanos que no logran llegar a las fronteras de Europa.
Si se pusieran en práctica las catorce Obras de Misericordia que propone la Iglesia, el mundo sería una balsa de aceite; la calma y la alegría reinarían por doquier y el mundo sería un recinto fraterno donde todos los seres humanos sin distinción de raza, cultura, sexo o religión viviríamos en paz y sin sobresaltos.

Pero como la realidad es bastante distinta reflexionaba con mi grupo de oración hace unos días sobre este tema: estamos demasiado expuestos a los medios de comunicación, olvidamos porqué suceden las cosas y la trayectoria que siguieron hasta llegar al punto actual. No escuchamos al que tiene otro pensamiento, otra ideología, etc.

Peligroso es que entre los mismos grupos cristianos haya confrontaciones que derivan de la política, la crisis, de las ideologías… Peligroso es que el miedo se inyecte en la vida de unos y otros y vivamos en permanente estado de debate.

Propuse en mi grupo que nos empeñáramos en pacificar el ambiente. Romper el estado de debate alrededor de una taza de café y queriendo arreglar el país, el mundo, la Iglesia… Romper la confrontación escuchando a los otros desde una dimensión que, reconozco, es complicada, pero habrá que intentarlo: ver al otro como alguien al que tengo que escuchar. Escuchémonos.

Así que propongo una obra de misericordia social: pacificar el ambiente. Ya sea en casa, con los amigos, en el trabajo, en el grupo de la parroquia, en la reunión de vecinos, en la del colegio de los niños, en el gimnasio, en la universidad, en el supermercado… ¡Venga, pacifiquemos el ambiente, con creatividad, como esas pequeñas flores que crecen en terrenos hostiles!

Personalmente, lo voy a intentar aunque sólo sea, en principio, por lo que mi propio nombre indica.

Nota del webmaster: Seguro que se o sabemos o conocemos o practicamos mas de una de estas obras de misericordia social. Aquí van algunas de las que tengo en la mente, el corazón y la voluntad:
  • Trabajar para la consecución del bien común o que el todo es superior a la parte como dice el Papa Francisco (EG 234-237).
  • Cuidar de la casa común, el planeta tierra que nos acoge y que es don y regalo no posesión para usarlo a nuestro antojo.
  • Recordar el destino común y universal de los bienes, pues no nos pertenecen, en cuanto regalo; si los tenemos es para cuidarlos y acrecentarlos.
  • Poseer lo necesario para la suficiencia de vida y el desarrollo personal, familiar, social, todo lo demás de nuestra propiedad privada tiene una función social destinada a los que no pueden alcanzar lo necesario para vivir dignamente.
¿Te atreves a añadir alguna más?