Parroquia La Milagrosa (Ávila)

martes, 16 de diciembre de 2014

La encuensta de condiciones de vida



¿Qué es ECV?

La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) pertenece al conjunto, cada vez más completo, de operaciones estadísticas armonizadas para los países de la Unión Europea. En este caso la armonización se ha producido desde el momento en que el proyecto fue concebido, ya que se sustenta en un Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo que regula el desarrollo de esta operación estadística.

La realización de la ECV permite poner a disposición de la Comisión Europea un instrumento estadístico de primer orden para el estudio de la pobreza y desigualdad, el seguimiento de la cohesión social en el territorio de su ámbito, el estudio de las necesidades de la población y del impacto de las políticas sociales y económicas sobre los hogares y las personas, así como para el diseño de nuevas políticas.

¿Qué datos resaltan en la última encuesta?

Según el Instituto Nacional de Estadística, en la Encuesta de Condiciones de Vida de 2013: 

  • En 2012 los hogares españoles tuvieron unos ingresos medios anuales de 26.775 euros, lo que supuso una reducción del 3,5%
  • En el último año la población en riesgo de pobreza disminuyó al 20,4%, frente al 20,8% del año anterior.
  • En 2013 el umbral de riesgo de pobreza para los hogares de una persona se situó en 8.114 euros, un 2,5% menos que el estimado en el año anterior. En hogares compuestos por dos adultos y dos menores de 14 años dicho umbral fue de 17.040 euros. Eso significa que los ingresos mensuales de la unidad familiar, para no caer en la pobreza deberían ser de 1.420 euros.
  • Cabe destacar la disminución de esta tasa entre los mayores de 65 años (de 2,1 puntos entre 2012 y 2013). Por su parte, la tasa de los menores de 16 años se situó en el 26,7% siendo 6,3 puntos superior a la del conjunto de la población.
  • Si se considera el valor del alquiler imputado la tasa de riesgo de pobreza se reduce hasta el 18,7% en el año 2013. El hecho de considerar en el cálculo el valor de la vivienda en la que reside el hogar, cuando ésta es de su propiedad o la tiene cedida gratuitamente, hace que la tasa de riesgo de pobreza disminuya.
  • La población mayor de 65 años, que en mayor proporción es propietaria de su vivienda, presenta el menor porcentaje de riesgo de pobreza (6,8% en 2013). Por su parte, el mayor porcentaje se da entre los menores de 16 años (27,2%).
  • El 16,9% de los hogares españoles manifiesta llegar a fin de mes con “mucha dificultad” en 2013. Este porcentaje supera en 3,4 puntos al registrado el año anterior.
  • Por su parte, el 41,0% de los hogares no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos frente al 41,4% del año 2012.
  • El 45,8% de los hogares no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje es 0,7 puntos mayor que el registrado en 2012.
  • El 9,3% de los hogares tiene retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,...) en los 12 meses anteriores al de la entrevista. Este porcentaje es 0,9 puntos mayor que el del año anterior.

¿En qué nos interpela?

Los datos, con pretensión de objetivos, siempre son fríos, más cuando se presenta en el formato de "promedio" siempre un poquito engañoso (ya sabéis, ¿no?: eran ocho y tenían ocho pollos para cenar, pero el jefe se sirvió el suyo y tomó dos para su familia; el resto se repartieron buenamente los cinco que quedaban, pero el promedio es que salían a uno por barba).

La ECV nos muestra el riesgo de caer en la pobreza y la desigualdad, pero los metadatos (lo que va más allá de los números) nos hablan, además de la invisibilidad de la misma (aunque ahora abunden las noticias sobre "los pobres" en los medios de comunicación), de su persistencia y de la transmisión generacional. 

Ahora nos dicen que estamos saliendo de la crisis, que gracias a las medidas tomadas estamos alcanzando un despegue económico, pero eso no se esta traduciendo en una redistribución, sino en un aumento de la precariedad laboral (la tasa de paro ronda el 26% y la tasa de empleo temporal 23,92%). Los “pobres invisibles” siguen estando y son obreros sin trabajo, jóvenes con empleos temporales, mujeres con hijos a su cargo, inmigrantes, ancianos y niños. 

La realidad nos está pidiendo una transformación que comienza por cambiar nuestro estilo de vida, pero aquí nos encontramos con el problema, que a la vez es causa de la invisibilidad de la pobreza: No estamos dispuestos a cambiar.

Existe un elemento o factor de conducta que influye poderosamente en nuestro estilo de vida. Los economistas lo llaman descuento hiperbólico, los sociólogos búsqueda de la satisfacción inmediata y, la gente sabía, es decir, nuestros mayores, “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Si a una persona le dan a escoger entre 50 euros hoy o 100 euros mañana, lo normal es que prefiera esperar a los 100. Pero si el plazo de tiempo es de un año, casi todo el mundo prefiere quedarse con los 50 euros en mano. Las consecuencias futuras -buenas o malas- no suelen contar mucho en nuestras decisiones actuales (Anthony Giddens). 

En otras palabras, que estaríamos dispuestos a cambiar si viéramos los beneficios del esfuerzo recompensados en un corto plazo de tiempo. Si cayera sobre nosotros la amenaza de que en muy poco tiempo podríamos engrosar las filas de los invisibles, comenzaríamos a pensarnos si disminuimos el tren de vida que llevamos.

Si sólo la catástrofe inmediata nos hace cambiar, ¿qué cabida tiene la esperanza, como virtud, en el día a día? En lugar de vivir en esperanza, tiramos hacia delante, ciegos e insensibles, agarrándonos a la espera de los desesperados cuando todo sale mal. Por eso, el Adviento, nos recuerda cada año que tenemos que cambiar, recuperar los horizontes utópicos, alimentar el alma y llenar nuestras entrañas de comprensión hacia los demás, hermanas y hermanos nuestros, para construir un nuevo mundo a fuerza de ganar la esperanza desde el signo de un Dios que se hace hombre, niño y frágil, para salvarnos.

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