Parroquia La Milagrosa (Ávila)

sábado, 31 de octubre de 2015

Cómo se hace un bienaventurado o dónde encontrarlos


Dichosos los pobres
Mateo 5, 2-12

Esta fiesta puede tener para nosotros un profundo sentido religioso, si la entendemos como invitación a la unidad de todos los seres en Dios. No recordamos a cada uno de los seres humanos como individuos. Al decir todos, celebramos la Santidad (Dios), que se da en cada uno de nosotros. No se trata de distinguir mejores y peores, sino de tomar conciencia de lo que hay de Dios en todos y dar gracias por ello. El hombre perfecto no solo no existe, sino que no puede existir. Decir ‘ser humano’ lleva en sí la limitación y por tanto la imperfección en todos los órdenes. Dios no necesita eliminar la imperfección en nosotros.

Pero antes de entender esto con la cabeza, necesitamos aprender a reconocerlo con todos los sentidos. Entonces, ¿sabes reconocer a un bienaventurado? Una persona feliz, algo tendrá de diferente, ¿no? 

  • ¿será más guapa? 
  • ¿tendrá una profesión más gratificante? 
  • ¿una gran familia que le quiere? 
  • ¿seguridad, tiempo libre, una vida tranquila? 
  • ¿futuro, sueños, posibilidades, ilusiones? 

pues no, ni mucho menos

¿Queréis ver a uno? Asomaros a la televisión en la hora de los noticieros... salen todos los días:
  • A diario salvan hombre, mujeres, ancianos y niños.
  • Se les agotan los recursos, pero se resisten a no seguir cerca de los naufragios.
  • Se niegan a marcharse dejándolos a la deriva.

Si quieres ver a un dichoso lo encontraras sudando, llorando, trabajando, perdiendo, esperando, desesperando, cuidando, empeñándose, huyendo, cayendo, buscando, consolando, luchando, escuchando, compartiendo, necesitando, amando.

Puede que muchas cosas nos hagan felices, pero dichosos, solo si buscamos, luchamos, amamos... nos entregamos incondicionalmente a la causa de Jesús.

Las bienaventuranzas quieren decir que es preferible ser pobre, que ser rico opresor; es preferible llorar que hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros mueran de hambre porque les hemos negado el sustento. Dichosos, no por ser pobres, sino por no ser egoístas. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no oprimir. La clave sería: Las riquezas no son el valor supremo. El valor supremo es el hombre. Hay que elegir el reino del poder o el Reino de Dios. Si elegimos el ámbito del dinero, habrá injusticia e inhumanidad. Si estamos en el ámbito de lo divino, habrá amor y humanidad.

Si la pobreza es buena, por qué la evitamos. Si es mala, cómo podemos aconsejarla. Ahí tenemos la contradicción, al intentar explicar las bienaventuranzas. Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. El enemigo numero uno del Reino de Dios es la ambición, el afán de poder, la necesidad de oprimir al otro. Recordad las palabras de Jesús: “no podéis servir a Dios y al dinero”. La praxis de Jesús es su vida diaria, es el único camino para entender las bienaventuranzas. El Reino de Dios es el ámbito del amor, pero para llegar a ese nivel, hay que ir más allá de la justicia. Mientras no haya justicia, el amor es falso. Ya decía Plotino: “Hablar de Dios sin una verdadera virtud es pura palabrería”

Que la fiesta de los difuntos este ligada a la de todos los santos tiene un profundo significado teológico profundo. El pueblo creyente lo ha captado muy bien. Litúrgicamente ‘los difuntos’ se celebra el día 2, pero para el pueblo sencillo, el día de todos los santos es el día de los difuntos, sin más. Ese día, muchas veces cada vez que ven la foto de sus seres queridos, o huelen, ven, reconocen un objeto o una palabra o un expresión de ellos, hacen memoria, recuerdo perpetuo, de los que viven sin estar sujetos al tiempo y el espacio. 

Así, si todo ser humano tiene un fondo impoluto (Dios), Dios tiene que amarnos precisamente por eso que ve en nosotros de sí mismo. No puede haber miedo a equivocarse. Todos son santos en su esencia, y eso es lo que se integra en Dios porque nunca ha estado separado de él. Por eso, recordar a los difuntos entraña dar gracias a Dios por todos aquellos seres humanos que han hecho posible que nosotros seamos lo que somos hoy. Este es el sentimiento religioso que se identifica con el sentimiento más humano que podamos imaginar.


sábado, 24 de octubre de 2015

No cierres los ojos - 30º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

25 de octubre, domingo XXX del TO


Mc 10, 46-52
Jesús le preguntó: ¿Qué quieres de mí?
Contestó el ciego: Maestro, que recobre la vista

Bartimeo era un ciego de Jericó que estaba sentado a la vera del camino. Sabía que algún día el Maestro recorrería el suyo. Su ceguera le excusa de quedarse sentado. Los que podemos ver el sol que sale y que se pone, no podemos sentarnos y esperarle. Le encontraremos tan sólo caminando. Bartimeo, un exiliado, un emigrante, esperaba a Jesús. Sabía que no le iba a mandar callar, que escucharía y atendería sus necesidades y lamentos.

En nuestro caso es más bien Jesús quien espera -espera siempre-, y únicamente los que le quieren ver le encuentran. Y es fácil encontrarle para quienes le buscan, porque su luz es como la de las catedrales góticas: arco iris que satura la vista. Es iluminación, esclarecimiento interior para ver con los ojos del alma y los del cuerpo. Es experiencia de lo divino, manifestada en el amor, la paz y el sentido de unidad con el universo. El pintor Vicente Carducho nos lo brindó plasmado en el lienzo El éxtasis de Jean Birelle.

Pero la versión más humana nos la legó El Greco en su Curación del ciego Bartimeo. Unos personajes a la derecha del cuadro le reprenden instándole a no molestar al Rabbí, mientras otro vestido de verde esperanza, que está detrás de él parece sugerirle: “¡Ánimo! Levántate, te llama”. A Jesús le mueve el dolor, se compadece del sufrimiento humano y le pregunta: “¿Qué quieres de mí?”, “Maestro, que recobre la vista”, le responde.  Le toca los ojos y le dice: “Vete, tu fe te ha salvado” . Y Marcos cierra el capítulo recordándonos que al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Una mirada desnuda, plena de humanidad y de ternura, capaz de iluminar y cambiar vidas. La crónica de óleo no puede ser más realista. Un camino que todos nosotros recorremos. Personajes que con hechos y palabras dificultan nuestra marcha. Otros que, por el contrario, nos ayudan. Y nosotros con ellos ¿a qué estamos dispuestos? Jesús nos dice a qué y cómo.   ¿Le seguimos también por el camino como Bartimeo?

El profeta Jeremías nos anuncia que ese a qué es un pasar de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad. Y que el cómo, consiste en iniciar un nuevo éxodo -nuevo mirar y renacer- para vivirlas en solidaridad haciendo florecer nuestro desierto. Es decir, procurando que nuestra mente deje su cojera por ausencia de ideas … , y los ojos del corazón recobren ese mirar humano que hace al hombre salir de la ceguera.

¿Son Religión y Ciencia unidas, el protocolo de la salud para el enfermo? Albert Einstein nos lo diagnosticaba de este modo: “La ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia está ciega” .Inmersos en ellas nosconsubstanciamos con el mundo y avanzamos, porque los caminos se movieron siempre hacia adelante.

La mirada de Jesús ha sido siempre compasiva para con todos y con todo. Cosa que no reflejaba la del obispo de Crónica  de una muerte anunciada, del colombiano Gabriel García Márquez, como le describió uno de sus feligreses cuando fue a visitarlos: -”Ni siquiera se bajará del buque. Echará una bendición de compromiso, como siempre, y se irá por donde vino. Odia a este pueblo”.  ¿Era usted Monseñor o eran sus diocesanos los auténticos sucesores del Maestro?

Cuando miramos a Jesús en nuestros interiores, no en el nublado espejo de lo que de él nos han dicho desde los exteriores, realmente le encontramos y nos hacemos con él Uno.

Vicente Martínez
De otra manera:

El Reino de Dios estaba colapsado. En la puerta estrecha había mucha gente haciendo cola para entrar, pero no estaban las estancias preparadas (Jesús dijo que había estancias suficientes, pero había que prepararlas y los ángeles no daban abasto). Al ángel de la puerta le comunicaron, al poco, que ya estaba todo listo, pero que uno debería esperar porque había surgido un pequeño inconveniente. ¿Cómo elegir? se preguntaba y decidió:
- A ver, uno tendrá que esperar. ¿Quién cree que debe quedarse? A ver, tú ¿qué ha hecho? (había observado el ángel que parecía un poco nervioso e indeciso.
- Yo no he hecho nada. Por qué me lo preguntas a mí. 
- ¿Cómo que nada? –dijo el ángel
- Sí, nada. La verdad es que he asistido a muchísimas barbaridades: violencia, guerras y otras cosas peores. Pero yo nunca hice nada… -respondió el hombre asustado-.
El ángel volvió a preguntar:
- Pero ¿de verdad vio todo lo que cuenta y no hizo nada? pues va a ser que a usted le toque esperar, o ¿es que no escuchó nunca que estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo?
Felipe Nieto

A veces duele, a veces asusta, a veces estamos confusos, al dejarnos "sentir", porque sin oscuridad no apreciamos la luz. ¡¡¡Abre mis ojos, Señor!!!


miércoles, 21 de octubre de 2015

Octubre misionero y misericordioso


La Jornada del DOMUND de este año, que se celebró el domingo 18 de octubre, se enmarca en el contexto del Año de la Vida Consagrada, pero también en el próximo Año Jubilar de la Misericordia, que ha anunciado el Papa Francisco. Asimismo, como nos indican desde la Delegación diocesana de Misiones, “la preparación y celebración del V Centenario de Santa Teresa, o ha despertado en nosotros la preocupación misionera, el abrirnos a los demás, la solidaridad como testigos de la fe, o ha sido un año perdido”. Por ello, nos invitan de nuevo a ser misioneros, a ser Iglesia en salida, y a colaborar con la evangelización. “Una vez más afirmamos que nuestra diócesis es muy solidaria, de lo cual estamos muy agradecidos, pero debemos continuar compartiendo”.

En la campaña de misiones para el año 2014, la diócesis de Ávila consiguió recaudar un total de 368.539,42 euros, lo que supone una aportación de casi 2 euros y medio por habitante. Esta cifra se ha incrementado ligeramente con respecto al año anterior (algo más de 30.000 euros). Además, desde la Delegación diocesana de Misiones informan que este año se ha colaborado con un proyecto sanitario muy interesante sobre cirugía ocular infantil en un país africano, a la vez que continúan con la colaboración con la evangelización en Guinea.

martes, 20 de octubre de 2015

Quien y por qué cuestiona la postura del Papa ante la ecología


Alejandro Córdoba / 30.09.15 Un congresista americano dijo que estaba “avergonzado” de la posición del Papa sobre lo que llamó “falsa ciencia” del cambio climático. Este comentario no sería importante si no fuera porque los políticos actúan, muchas veces como “la voz de su amo”, defendiendo los intereses de éstos.

¿Cuáles son esos intereses?

Hay una sospecha, ampliamente extendida, que señala la existencia de un potente lobby desempeñado, especialmente, por la industria energética. Se atribuye al mismo la manipulación de diversas investigaciones orientadas a generar controversia, para lograr que la preocupación por los asuntos medioambientales y la conciencia ecológica no terminen de cuajar.

El mensaje malintencionado de ese lobby es que el calentamiento global es solamente una teoría que no ha sido probada; que el cambio climático es un ciclo natural y que el crecimiento económico es prioritario, incluso si éste va en perjuicio del medio ambiente.

La multinacional ExxonMobil, es una de las empresas a las que se ha acusado de impulsar investigaciones que generen polémica sobre el conocimiento científico acerca del efecto de la contaminación. Pero hay muchas otras.

En la actualidad los 1.000 millones de personas más pobres del planeta producen sólo el 3% de las emisiones globales, mientras que los 1.000 millones de personas más ricas provocan la mitad de las mismas.

Es ese un problema de solidaridad que el Papa Francisco ha afrontado “sin pelos en la lengua” en su encíclica sobre la ecología.

El Papa Francisco dice que debemos ser y actuar como custodios de la creación. Conscientes de que el cambio climático está, inexorablemente, ligado con el desarrollo y el progreso humano; de que los problemas se agudizarán si seguimos apostando por un crecimiento económico que no tenga en cuenta el impacto en la naturaleza de las actividades de producción y de consumo.

Propone, por ello, aceptar que la naturaleza es un capítulo importante en la vida de los pueblos; que mantener la integridad del planeta es una responsabilidad que nos atañe; que la raíz del problema ecológico tiene que ver con un modelo económico que es insostenible.

Apela a la necesidad de asumir cambios de política a nivel local, nacional y global. Y cambios, también, a nivel individual, ya que son nuestros hábitos de consumo los que determinan el futuro del planeta.

Son esos cambios los que no gustan a quienes quieren que nada cambie para poder mantener sus grandes privilegios.

sábado, 17 de octubre de 2015

El poder: fuera de servicio

Mc 10, 35-45

Marcos es el evangelista que se muestra más duro frente a lo que califica como “ceguera y sordera” de los discípulos para ver y entender el mensaje de Jesús.

La contraposición con las actitudes del Maestro se pone de manifiesto, de un modo especial, en los llamados “anuncios de la pasión”. Mientras Jesús presenta su camino como “entrega” hasta el extremo, ellos son presa del miedo o discuten por cuestiones de poder o de “importancia” dentro del grupo.

El poder, en cualquiera de sus formas e intensidades, constituye una de las tentaciones más fuertes para el ser humano. El motivo es simple: nace de la necesidad del yo de autoafirmarse. Y a él se vinculan además sensaciones (aunque ilusorias) de seguridad y de libertad. En efecto, se tiene la creencia de que, al tener más poder, uno se sentirá más seguro y podrá hacer lo que le apetezca. Si tenemos en cuenta que la persecución de tales “ideales” constituye la esencia misma del yo, nos será fácil advertir que el poder aparezca como una de las tentaciones más intensas.

¿Dónde radica la trampa? Como en cualquier otro caso, en la mentira. Todo lo que nos aleja de la verdad que somos produce necesariamente confusión y sufrimiento. Lo cual es válido también en esta otra formulación: siempre que experimentamos confusión y sufrimiento es señal de que estamos desconectados (alejados) de la verdad que somos.

Mientras estamos “entretenidos” persiguiendo las expectativas del ego, seguimos reforzando la falsa creencia que nos reduce a él. Lo cual significa aumentar la esclavitud ante las necesidades y los miedos que se fueron programando en nosotros.

La sabiduría –la verdad- que conduce a la libertad no pasa por ceder a las exigencias del ego, sino por conectar con nuestro anhelo más profundo y vivir conscientemente anclados en nuestra verdadera identidad, donde nos sentimos siempre a salvo y uno con todos.

De esa comprensión nace también el comportamiento que propone el sabio Jesús, a partir de su propia práctica de servicio y entrega: “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”.            


jueves, 15 de octubre de 2015

Solo Dios basta


ECLESALIA, 05/10/15.- Estoy convencido de que estas palabras las hemos oído muchas y muchos de nosotros un montón de veces y, por lo mismo, no hace falta que recuerde que son de la Santa, como así solemos llamar a Teresa de Jesús. No he podido por menos de dedicar una reflexión sobre lo que para mí significan dichas palabras al celebrar el quinto centenario de su nacimiento.

Cada vez que las pronuncio y repito me doy cuenta de que solamente una persona mística podía haberlas pronunciado. Porque si bajamos a la vida, no ya a la real, es decir a la de los quehaceres y sinsabores cotidianos, la de los sufrimientos trágicos e inhumanos muchas veces, sino a la vida de la religión o de lo concerniente a lo religioso cuesta muy mucho entenderlas.

De la misma manera es muy difícil, por no decir imposible, al menos desde mi vertiente personal, saber o por lo menos interpretar qué es lo que Teresa de Jesús quería decir con estas palabras. Aunque sea atrevido por mi parte voy a intentar presentar el Dios que ciertamente me ha hecho feliz, pues no me atrevo a decir que me ha saciado (bastado), al menos en algunas ocasiones, dejando entrever la visión contraria del mismo.

En primer lugar, me basta el Dios cuya misericordia no tiene límites. Sí, ese Dios que a pesar de mis pequeñeces y miserias continuará apostando por mí y no me dejará de su mano por mucho que yo le corresponda con una y mil fechorías. El Dios cuya justicia consiste en ser bueno siempre, en todo momento y con todas las personas; a pesar de que a la mayoría de quienes nos decimos creyentes hablar de justicia signifique casi siempre aplicar aquella vieja ley judía “Ojo por ojo, diente por diente”. Por ello acostumbro a decir que cuando uno/a descubre que Dios es esto o así ha dado un paso de gigante en ese propósito de ir descubriendo su verdadera imagen un poco más cada día.

Me basta también el Dios que no me exige sacrificios ni mortificaciones para quererme con locura. Aunque no estaría de más si fuera capaz de esforzarme cada día un poco más por dejar de mirarme un poco menos a mí para que mis ojos se proyectasen hacia los demás, especialmente hacia quienes más necesitados y necesitadas puedan estar en el momento. Ese mismo Dios que entiende bien poco, mejor dicho, nada, de cumplimientos ni de rituales. Aunque sí que le alegraría, por qué no decirlo, que yo hiciera todo lo posible por tener una mente limpia y clara y un corazón abierto y siempre disponible.

Me basta el Dios que hace sentirme hijo suyo, no esclavo ni siervo. Pero no para quedarme con ello tranquilo y a gusto, sino para que dé los pasos que hagan falta con tal de descubrir que todo hombre y mujer son mis hermanos y hermanas. Ese Dios que me quiere libre por encima de todo; pero no con cualquier tipo de libertad, sino con aquella que me lleva a vivir el proyecto del Reino que Jesús anunció y testimonió con su vida.

Me basta finalmente el Dios que he aprendido de Jesús, en contraposición al Dios de las devociones y de los sentimentalismos sin que ello quiera decir que siempre son malos ni mucho menos. Ese Dios al que le hablo de tu a tu, precisamente como lo hacía Jesús con tanta frecuencia, a pesar de que no siempre le preste la atención que tanto me ayudaría a ver mucho más claras tantas y tantas cosas.

Debo confesar que desde una vivencia así, solamente “Dios basta”. ¿Por qué no pensar que esta fue la experiencia de Teresa?

JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

Un Dios que humaniza


Comenzamos una nueva sección Palabra y Poética. En la gran herramienta pastoral de Internet de Fe Adulta, cada semana Vicente Martínez se acerca al evangelio dominical con la fe, la Palabra y la poesía para ofrecer reflexiones que se entiende con el corazón más que con la cabeza, reflexiones que son para leer más que para predicar. Esperamos os sirvan para meditar y orar.  

Un Dios que humaniza
Escrito por  Vicente Martínez

-“En esta reciprocidad, Dios se hace hombre, se humaniza, y el hombre se hace Dios, se diviniza”  (Alphonse et Rachel Goettmann)


18 de octubre, domingo XXIX del TO


Quien entre vosotros quiera llegar a ser grande que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero que se haga esclavo de todos. Mc 10, 35-45


Seguir a Jesús es ante todo una opción de vida, e instituyó el servicio como un requisito fundamental para considerarse cristiano: amar y servir son los signos. En la novela San Manuel Bueno de Miguel de Unamuno, el protagonista, párroco de su aldea, ayudaba a los feligreses en todo cuanto podía. Era el alma del pueblo, el personaje que tomaba todas las iniciativas. Una cura muy activo que siempre quería estar haciendo algo. Estrecho colaborador del médico y del maestro, se interesaba por la vida de todos, tanto espiritual como materialmente.

Don Miguel utilizó en su relato el simbolismo del nombre bíblico Emmanuel –“Dios con nosotros”- y lo aplicó a Manuel Bueno. Su coadjutor y continuador de su obra, Lázaro, dijo esta frase, que pone de manifiesto la tarea misionera que debe primar en la agenda de todo fiel cristiano: “Él me hizo un hombre nuevo, un verdadero Lázaro, un resucitado. Él me dio la fe”. Es evidente que San Manuel era “el forjador de una nueva religión, nueva no por su forma, sino por su interioridad”, como le retrató el ilustre Rector de Salamanca.

Jesús se humaniza haciéndose niño y proponiendo a sus discípulos que para entrar en el reino es necesario hacerse como ellos.  Sandor Marai nos señala en su novela El último encuentro, el camino dela reflexión para lograrlo: “Estuvieron largo rato sentados así al pie de la higuera. Escuchaban el mar: su rumor les era conocido. Murmuraba como murmuran los bosques de su patria. El niño y la nodriza pensaron que todo estaba conectado con el mundo”.

Una conexión que el mundo real no siempre nos permite establecer con el entorno. El dramaturgo rumano Eugène Ionesco (1909-1994) nos manifiesta este absurdo en su obra La cantante calva, donde dos de los protagonistas, que han venido de Manchester a Londres en el mismo compartimento del mismo mismo tren, que residen en el mismo piso del mismo edificio, que viven en la misma habitación y se acuestan en la misma cama, no llegan a convencerse de que se conocen y  que, probablemente, son marido y mujer. Ionesco nos presenta a dos típicos cónyuges que, a pesar de que llevan varios años casados, no han llegado a conocerse. Y pretende decirnos que los seres humanos estamos aislados, sin lograr nunca conocernos realmente aunque vivamos juntos en la más íntima relación.

Esto que tan difícil nos parece a nivel personal, ocurre en grado sumo si lo consideramos en la perspectiva de relaciones entre países, continentes y espacios siderales. Posiblemente Rubén Darío lo atisbó en estos versos de su poema Cantos de Vida y Esperanza:

“La torre de marfil tentó mi anhelo,
quise encerrarme dentro de mi mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo”.

Se es cristiano en la medida que uno se humaniza; peculiaridad generada por sí mismo y el entorno, en aquel “yo soy yo y mis circunstancias” orteguiano. Jesús lo atribuyó a un Dios Amigo que asume la tarea de la humanización del hombre desde fuera. Una creencia hoy escasamente sostenible. El Evangelio nos oferta este domingo una vía nueva: seguir al Maestro en su propuesta de servicio a los demás, de entablar relaciones positivas con los restantes seres del mundo y, en primer lugar, con nuestros semejantes: “En esta reciprocidad, Dios se hace hombre, se humaniza, y el hombre se hace Dios, se diviniza”, como apuntan Alphonse et Rachel Goettmann.

En su película El Maestro de música (1987), el director belga Gérard Corbiau nos presenta a su protagonista Joachim Dallayrac como un maestro de la vida  que enseña a sus dos jóvenes alumnos Sophie y Jean, que la felicidad no se halla fuera de nosotros. Es algo que vive en lo más hondo de nuestro corazón, y es ahí donde tenemos que buscarla. El cineasta contrapone a esta visión profunda de la existencia, la propuesta superficial del príncipe Scotti: un palacio suntuoso, ostentación del poder y del dinero, brillo y reconocimiento social.

La Iglesia se humaniza cuando el Papa Francisco, su máximo representante, después de despedirse en Washington C.D. (24 de septiembre 2015) con un suculento discurso pronunciado ante el Congreso, salpicado de referencias a los pobres, se fue a comer con ellos en Caridades Católicas, un austero plato del día: pollo con fideos.


Eterno Génesis del Caos,
de humus de la Tierra a Pan del Cielo.
Nace del lodo el Lotus,
y abre sus pétalos a Helios.

En el hogar, mientras camina,
la Humanidad teje su Pan y su Sarmiento.
Lo vendimia, lo siega,
lo amasa y lo conforma con fermento…

Espíritu y Materia
en el altar del Universo.

La terrenal cocina hizo el milagro.

Dios, el Alimento.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS, Ediciones Feadulta)


Fuente: feadulta